El fetecún de los tronados
El país siempre se ha visto abocado a los cambios. En su afán por definirse, se generaron los monstruos como basiliscos que violentasen la cancela de la mente sin otro propósito más que deambular a sus anchas por los rincones del país. Facio dedicándose a llenar de monas descarriadas su jaula particular sin percatarse que una en particular le cambiaría la vida para siempre. Inmerso en el proceso revolucionario vio terminar sus días como antisocial castigado por la nueva ética que imperaba en el país. Por su parte, en la redacción de una conocida revista veían pasar los días sin otra espera más que la directriz superior que iba a dictarles la portada semanal. En su aburrido taller, a Lutgardo y sus compañeros reporteros les llegaría la oportunidad de encontrar un cambio en sus vidas convirtiendo sus artículos en otros de primera necesidad. En la vorágine de los nuevos negociadores en los que se habían convertido, no se percataron de otros que controlaban el negocio. Falo, por el contrario, encontró su cambio en España y dedicaba el tiempo a preparar su colección fotográfica y convertirse en el acompañante de la escritora de moda en el país. Su carrera, sin embargo, se vio truncada y tuvo que buscar una salida a su supervivencia posando como el galán de las noches madrileñas que nunca quiso ser. Al final todo cambio requiere de renovadas actuaciones y Pánfilo el seguroso decidió que iba a destacar en el descubrimiento de nuevos cantantes de música folclórica y pretendía llevar al conjunto El trino del sinsonte a la Emulación del Punto Guajiro a celebrar en Matanzas.