Porque perdí la confronta

Tal como queda aclarado en el prólogo, se narran las vivencias cubanas en los distintos países en los que los cubanos han tenido que exiliarse o inmigrar. Lo interesante del libro es el modo de mostrar desde dentro las experiencias y los distintos puntos de vista, lejos del tópico. Los cuentos pretenden mostrar tanto el carácter cubano como el choque con las realidades en las que tienen que enfrentarse en condiciones de inferioridad, las que padece cualquier emigrante, que se ve abocado a buscarse la vida de maneras extrañas que ni él mismo habría sospechado. El libro no toma postura de denuncia sobre el fenómeno de ese exilio un tanto especial que nos caracteriza. No fue esa la intención al plantear este tema dentro de la trilogía. En el devenir de las historias, el lector, irá desgranando esa realidad en las nostalgias, en sus rayos de esperanza y en sus claves humorísticas; que son muchas. No se va a encontrar sesudos análisis sobre la emigración o el exilio político sino historias de vidas que se enfrentan a las realidades que se van encontrando en el camino y que resultan, si no kafkianas, muy raras y hasta hilarantes. Me gustaría destacar que el libro hace rendido homenaje a la expresión cultural más relevante de la isla: su música. De siempre, la isla fue terreno fértil de nuevos ritmos y podríamos decir que éstos han reflejado los acontecimientos que se han producido en el país en las distintas épocas de su corta historia. Y es en este sentido que la música de mis cuentos acompaña a los personajes forjando e influenciando su identidad. Las historias se desarrollan tanto en Cuba como en España y EEUU. Este es un concepto importante en el exilio cubano sólo comparable a la diáspora judía y a la inefable emigración gallega ─siempre encontrarán a un judío a un gallego y a un cubano en cualquier parte del mundo a la que viajen. Otra cuestión que quisiera apuntar son los juicios de valor que surgen en los cuentos. Algunos pueden resultar un poco fuertes para los lectores de los países de acogida pero están basados en comentarios y opiniones de muchos inmigrantes y exilados; tal vez, dichos en los momentos de mayor desesperación ─un exilio, una emigración, nunca es una cuestión fácil─ pero que están ahí y que debemos escuchar como terapia integradora. También he querido poner de manifiesto la cuestión de la aceptación. Este es un tema peliagudo porque nunca sabemos si fue primero el huevo o la gallina. Son preguntas que debemos plantearnos todos los días. ¿Aceptamos de buena gana al emigrante? ¿Se integra motu proprio a la sociedad de acogida? Deseo resaltar en este volumen dedicado a la emigración y el exilio; que todos somos responsables de hacer de la inmigración una cuestión de aceptación natural.

Luife Galeano