Un Chevrolet del 56

“Me llamaba James y la hice buena. Entonces me conocían por otro nombre y no sabría decirles si me consideraba un ingenuo o un incauto o, tal vez, un patriota. Lo cierto es que no me di cuenta del alcance de las cosas hasta que fue demasiado tarde. Ahora vivo en las sombras, como siempre, con un nombre que no me pertenece, en una ciudad que me engulle y protege a la vez. Hasta mi editor puso su granito de arena con la coletilla del parecido con la realidad y la pura coincidencia. No le crean. Hoy subsisto junto a otras personas a las que hice mucho daño y que lo ignoran. Puede que así sea mejor; que olvidemos pronto la pesadilla y nos centremos en expiar las culpas de algo que ocurrió, más o menos, como aparece escrito”. Con estas palabras de “Advertencia” del misterioso traficante de armas, Max Fontaine, también conocido como James Hernández, el lector se introduce en los entresijos de una conspiración que tiene como foco de atención un levantamiento contra el régimen de Fidel Castro en Cuba. Un golpe de Estado planeado por un grupo de disidentes cubanos con el respaldo de agentes del gobierno español, pero abocado al fracaso por el potente influjo de las redes del narcotráfico internacional y la corrupción política y militar. Más allá de las motivaciones políticas se esconde un negocio de drogas en el que está implicada la mafia colombiana y un general cubano llamado Flores.

Luife Galeano